Cómo parar setenta pájaros


AMENAZA PRIMERA


Por donde no debiera
he abierto el laberinto de los años.

Con las manos vendadas
en el fuego del tiempo
y los labios como dos viejos muebles
malvendidos al aire
igual que dos banderas necesarias que vuelan,
bajé la cremallera de la vida
y así me vi, difícil como un fruto
olvidado sin piedad a hostiles seres,

desconsolado de hombros, triste por las caderas,
sin recurso ninguno y en el medio de todo.

No es el tiempo negocio conveniente
y sí trampa mortal, encrucijada
sin ningún remedio como no sea la muerte
ni otra esperanza
que la de embalsamar la luz en la memoria;
y sólo una verdad
pasa constante:

se nos huye la vida de las manos
como un anillo demasiado grande.


POÉTICA DE INVIERNO

Nunca han abierto
su pecho a mi medida
esos meses brillantes
como el pelaje de terneras lentas
donde nada se eriza que llame a sosegarlos.
Antes bien: he querido
despacio (con un amor
de copos que se ordenan temblando en antepechos,
igual que colegiales condenados
al arte de exponerse a manotazos)
esas otras maneras
de vivir tiritando en la ciudad
entre meses desnudos tan desnudos que ciegan.

Entre meses desnudos o sin otro plumaje
que una lluvia que abolla los peinados,
que cuaja en charcos mudos
y aprieta aún más la carne
contra húmedos respaldos en las cafeterías.

No debo a nadie tanto
como le debo al frío. Esta destreza
limpia, derecha que en los días
color a queso puro nos retrasa
la sed y nos descambia
la costumbre inocente de sudar,
me basta para todo.

Me basta
ocupar la fama mala de estos meses
con palabras
robadas entre todos,
y a sabiendas
de que nada es seguro
en este reino; y menos todavía
flotar en su ceniza.


ABRIL, EJERCICIOS DE ESTILO

Quizás sea por la tarde, que es suave,
o la moderación templada que levanta
despacio en las mamparas
una temperatura formidable
que no eriza a la astilla ni a la piedra
en los bancos de los parques irrita.

No sé…por la solvencia
magnífica con que el aire se mueve
entre las calles (igual que una muchacha
de alabadas caderas) y nadie lo venera ciegamente;

lo certero, lo fijo, lo únicamente
a salvo en este poema nada tiene
que ver con calidades
excelsas de pureza que en la tarde
precipitan a todos
en común expulsión a cenadores
campestres o a bailes de luz pública
donde ciega la música
tanto como se mellan los cuerpos entre sí
con las primeras sombras.
No es la casta estimable de este mes,
definitivamente quien responde
de la necesidad de este poema; ni su reconocida
competencia para enardecimiento de espíritus
propicios puede alarmar a quien quiso en su casa
pasar la tarde en encontrar palabras
que aquello proclamaran.

Basta aceptar que es todo allegadizo y que tan sólo
sucesiones de palabras
han empujado al poema hasta esta pausa.

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Tomás Sánchez Santiago (Zamora 1957) Poeta y ensayista.