B.O.G.S.A.T / La responsabilidad

Molinari

¿Qué agenda política hay detrás del régimen de visibilidad del modelo transgénico? ¿Quién gobierna en la república unida de la soja? ¿Qué pueden las imágenes para reforzar vínculos y lazos con quiénes testimonian con su lucha y su vida que no es cierto que no hay otro camino? ¿Qué ejercicios de imaginación política debemos realizar para salirnos de este territorio de monocultivo y monocultura?

Estas fueron algunas de las inquietudes que guiaron mi trabajo de investigación con métodos artísticos que desde comienzos del 2012 y hasta julio de 2013 realizara para la creación de la instalación y publicación B.O.G.S.A.T. / La responsabilidad. Invitado por los curadores David Riff y Ekaterina Degot para participar en la primera edición de la Bergen Assembly, trienal de la ciudad noruega de Bergen, su convocatoria me propuso continuar un primer trabajo en el que ya había abordado, en 2010, el fenómeno del modelo agroindustrial en Argentina: Los niños de la soja (instalación, publicación). En aquella ocasión mi trabajo visual (en el marco de los bicentenarios de las independencias de la Corona Española de muchas de nuestras naciones sudamericanas) proponía una reflexión acerca de las consecuencias sociales, sanitarias, ambientales y culturales de la llamada “sojización” en mi país.

Molinari, plantas

Una pregunta de aquella obra había quedado latente, sirviendo de primer disparador para la nueva etapa: ¿fue la sojización producto de la preexistencia de ciertos requisitos culturales o una nueva condición cultural es el fruto de la sojización? ¿Podemos afirmar que estamos habitando una “cultura transgénica”? La principal característica de esta cultura sería la centralidad de la recombinación, operación que organiza el modo hegemónico de producción. Por un lado, se recombinan genes de diversas especies en el ADN de las plantas para la producción de semillas transgénicas. Por otro, ya no es necesario para el capital hacerse cargo de las vidas de los trabajadores (ni obra social, ni vacaciones pagas, ni jubilación). Basta con recombinar fragmentos de tiempo de trabajo de personas que pueden incluso hacerlo en distintas latitudes para articular la cadena de producción. En tercer lugar, al menos en Argentina, la forma legal predominante de propiedad de la tierra destinada al monocultivo tránsgenico es el llamado “pool de siembra”, una recombinación de propietarios que aglutina a productores locales con ingenieros agrónomos y todo tipo de inversores, incluso aquéllos cuya identidad no se conoce y habitan fuera del país. Por último, la cultura se encuentra teñida por la centralidad de la operación recombinante: en el semiocapitalismo o capitalismo semiótico, se afirma un uso perverso del lenguaje, en el que la mayor producción de valor puede darse a través de la mera recombinación de signos y símbolos, sin importar el significado de los mismos (sigo en esta reflexión al autor italiano Franco Berardi Bifo, en su libro Generación Post.Alta, patolologías e imaginarios en el semiocapitalismo, Ed.Tinta Limón).

La sumatoria de los interrogantes pendientes más los nuevos, me guiaron al encarar mi trabajo para la exposición “Monday begins on Saturday” en Noruega. La propuesta curatorial estuvo basada en la novela de ciencia ficción del mismo nombre, publicada en 1960 por los hermanos Arkadi y Boris Strugatsky, en la que se relatan las peripecias vividas por Sasha Privalov, un programador e investigador al interior del ficticio “Instituto Nacional de Tecnología de Magia y Taumaturgia”.  El libro propone una mirada crítica hacia los modos burocratizados de investigación y sirvió como fundamento para organizar las obras de los artistas participantes a partir de la creación de once institutos ficticios de investigación que procuran modos diversos de alcanzar la felicidad humana. Entre otros, los curadores crearon los institutos de Acumulación Perpetua, Magia Defensiva, Fascismo Tropial o Territorios Imaginarios.

A este último se integró mi obra, referida a la república unida de la soja, nombre con el cual la compañía suiza de agronegocios Syngenta hizo referencia (en 2003, para una campaña publicitaria de sus productos) a la forma territorial en la que se consolidaba el monocultivo de soja transgénica. Esa superficie (en permanente crecimiento desde entonces en Sudamérica) actualmente ocupa parte de Argentina, Brasil, Bolivia, Uruguay y Paraguay, superando con creces 50 millones de hectáreas. Solamente en Argentina hay más de 20 millones, sobre las que llueven anualmente más de 160 millones de litros de glifosato, agroquímico imprescindible para la producción de semillas de soja transgénica, dando forma a un combo cuyo mercado lidera la compañía norteamericana Monsanto.

Molinari, collage

Para la concreción del trabajo previo de investigación y para la producción del libro decidí conformar un equipo que estuvo integrado por Azul Blaseotto (artista visual y docente de arte), la Ingeniera Agrónoma y Agroecóloga Ana Bróccoli, el colectivo artístico-ambiental Ala Plástica y Hernán Cardinale (fotógrafo y editor independiente). También contamos con el enorme apoyo del Ingeniero Agrónomo Carlos Carballo, de la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires. Realizamos tres recorridos:

1) en Expoagro, la feria de agronegocios más grande de Latinoamérica,

2) en los barrios “fumigados” de la periferia de Córdoba Capital, Malvinas Argentinas (donde se pretende instalar la planta más grande del mundo de procesamiento de semillas transgénicas de maíz de Monsanto) e Ituzaingó Anexo (sitio de origen de las Madres de Ituzaingó, organización de mujeres pioneras en la lucha contra las fumigaciones ilegales en Argentina) y finalmente,

3) por la Cuenca del Plata hacia las tierras de Marina Kué, Curuguaty, Paraguay, lugar donde en Junio de 2012 se produjo el hecho conocido como la Masacre de Curuguaty, que se convertiría en el argumento de las fuerzas opositoras vinculadas a los agronegocios, que daría fundamento al golpe de estado que desplazó al Presidente Fernando Lugo del gobierno y a la legalización del ingreso de semillas transgénicas en dicho país. Fuimos hasta allí para establecer una perspectiva geopolítica más abarcadora, que permita entender mejor los alcances y consecuencias de la expansión del modelo transgénico en la región sudamericana.

Curuguaty, Caminata hacia el sitio de la Masacre junto a los campesinos

Una imagen que proviene del intenso libro El veneno nuestro de cada día, de la periodista y directora documentalista francesa Marie Monique Robin (que en las próximas semanas visitará Argentina para presentar su nuevo trabajo) dio título a la obra debido a la particular contundencia con la que esta incomprensible sigla hace visible la responsabilidad de quiénes manejan las cadenas alimentarias.

Robin le pregunta a Ned Groth, biólogo que durante 25 años fue perito de la Consumers Union, principal organización de defensa de consumidores de Estados Unidos, acerca del criterio científico que permite establecer la Ingesta Diaria Aceptable (IDA), la cantidad de sustancia química que nuestros cuerpos pueden ingerir cotidianamente y durante toda la vida, sin peligros para la salud. Su respuesta deja en claro que no se trata precisamente de una base científica sino que: “¡Fue decidido mediante el método B.O.G.S.A.T. (del inglés norteamericano, ‘Bunch of Guys Sitting Around the Table’), un puñado de tipos sentados alrededor de una mesa!”.

Molinari, BOGSAT

La instalación en las salas de la exposición en Noruega estaba conformada por una plataforma de madera, con un rincón armado por dos paredes. En la parte frontal de dichas paredes se exhibió un conjunto de fotografías color de carácter documental, tomadas durante los recorridos antes nombrados. En el reverso de esas paredes se podían ver un grupo de collages sobre fotografías blanco y negro, de carácter alegórico. En estas imágenes se intenta hacer visible al “drone” transgénico y sus opacos pilotos. Sobre la plataforma hay dos columnas de bidones de agroquímicos y, detrás de un plástico transparente que las envuelve, se pueden ver fijadas a las paredes de los bidones, fotografías que dan cuenta de los tres recorridos realizados. Sobre el conjunto y sobre las cabezas de los visitantes, pende una caja registradora.

La publicación es bilingüe (español-inglés), cuenta con 175 páginas, y podemos encontrar allí los siguientes aportes: un comic documental realizado por Azul Blaseotto, un texto con las reflexiones sobre la situación del modelo de agronegocios en Argentina de Ana Bróccoli, textos e imágenes de Alejandro Meitín del colectivo Ala Plástica sobre la experiencia en Paraguay; una crónica y dossier fotográfico de Hernán Cardinale realizado sobre territorio paraguayo; y los documentos fotográficos y crónicas de mi autoría.

La investigación del colectivo de trabajo del Archivo Caminante procura romper el régimen de visibilidad impuesto en la república unida de la soja, y poner a la luz del sol las responsabilidades políticas y económicas dominantes. Buscamos romper su agenda política y lograr hacer circular imágenes y pensamientos por entre sus grietas e intersticios. Es preciso tornar evidente que la soberanía alimentaria y el derecho a la alimentación están en juego y que los habitantes de las grandes ciudades estamos unidos en el mismo tejido con los habitantes del mundo rural. La tierra que caminamos en nuestros recorridos está en disputa y los frutos de la misma también. Pudimos conocer más de cerca a los responsables del accionar asesino de los poderes concentrados glocales, pero también pudimos compartir los senderos transitados cotidianamente con aquellos que luchan por la biodiversidad, la justicia social y la libertad. “Las semillas se conservan compartiéndolas” nos dijo Lucho Lemos, agricultor agroecólogico de la provincia de Santa Fé, en Argentina. Las comunidades originarias con sus saberes ancestrales y su hermandad con la naturaleza, las organizaciones comunitarias que desarrollan y transmiten la agroecología (rural y urbana), unieron sus voces a las de los animales y las plantas, a la vida misma; y todas juntas nos dijeron: “No es cierto que no hay otro camino”.


Eduardo Molinari, noviembre de 2013


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La experiencia fue presentada este viernes 8 de Noviembre de 2013, a través de una charla, proyección, presentación del libro y debate con el público en La Dársena_Plataforma de Pensamiento e Interacción Artística, con la presencia de los autores.
En Mario Bravo 298, Almagro, Buenos Aires, a las 19hs. Entrada libre y gratuita.

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