Nota de redacción

La Suprema Corte de Justicia de Uruguay declaró inconstitucional la ley que permitió comenzar a investigar los casos de violaciones de los Derechos Humanos cometidos durante la dictadura y encima convirtió esos delitos, de lesa humanidad, en delitos comunes, permitiendo que prescribieran. Estas decisiones se suman al traslado de la jueza Mota, principal investigadora de esos casos, de la Justicia Penal a la Civil.

La vuelta a la democracia en 1986 vino acompañada del afán de hacer justicia. La tortura, el asesinato, la desaparición, debían investigarse. Luego de tantos años de lucha, los culpables quedan impunes.

¿Tuvo lugar en Uruguay un golpe de Estado “blando”, similar a los de Honduras y, sobre todo, Paraguay? Publicamos varios artículos que echan luz sobre el asunto.

En este número nos asomamos a la obra de dos excelentes poetas argentinos, Liliana Lukin y Alberto Szpunberg. Álvaro ojeda, por su parte, nos recuerda a Nancy Bacelo, poeta uruguaya ya desaparecida, que fue durante mucho tiempo la cara visible de la Feria del Libro montevideana. Las dos orillas del Río de la Plata se unen en ellos anticipando lo que vendrá: una cultura rioplatense insertada en América Latina y el mundo entero por su carácter universal.

Rodríguez Padrón, que en el número anterior nos acercó a la literatura eslava de la mano de Jaroslav Hashek y su soldado Schwejk, hoy nos trae a Bruno Schulz, escritor asesinado en 1942 por un miembro de las SS. Ese acercamiento nada tiene que ver con la geografía, ni siquiera con la importancia, central en Europa, de la literatura eslava. “Ni nación, ni lengua, ni siquiera religión: un mundo personal e identitario por familiar, una vida que no podrá serle arrebatada al autor ni a sus criaturas…”, nos dice Padrón.

Nombra, de paso, como si nada, a Witold Gombrowicz, escritor polaco que desarrolló su obra en Buenos Aires. ¿Es Gombrowicz un escritor argentino o polaco? ¿Es la literatura argentina una literatura polaca, como señala Piglia nombrando al mismo autor? Ni nación, ni lengua, lo nuestro es el mundo, dirán de seguro los autores convocados a este número de Malabia.

La mirada barcelonesa queda a cargo de Javier Seguer y el cine en manos de Guido Bilarinho, quien desde su portugués natal (idioma que deberíamos cuidar más los hispanohablantes) nos acerca una pequeña muestra de la calidad cinematográfica de su gran país.