Poemas (Alexandra Laudo)

Poemas de Alexandra Laudo

Rehuir el equilibrio,
corromper lo neutro.
No ahondar en lo lento
ni en lo apacible.
Temer lo quieto.
No merecer.

Rechazar,
con buenas formas,
la seducción de algo tibio.
Soportar
la opacidad de la sombra,
la presión de lo propio.

Releer la belleza
con los tiempos verbales.
Decir lo discordante,
lo cacofónico.

Abandonar el desierto,
aunque ello suponga
llorar cada amanecer.

Y no rezar,
no ser fósil.
Socavar lo llano.
Tenerse en pie.

 


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Tras este rato que se declina,
habita en nosotros
una condición de extranjería.
Fonemas impronunciados
que se han quedado en los resquicios;
y una distancia
a veces próxima, a ratos infinita,
hasta el sentido de lo hablado.

El sentido de lo hablado.
No he dormido y ahora despierto
y tengo un hueco
entre la forma y el significado.

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Hoy descanso
porque lo más difícil es octubre.
La dignidad no admite concesiones,
y sin embargo, tampoco tengo ánimo
para los grandes esfuerzos.

A veces doblo una esquina
y es como si la vida
me pillara en precario.
Y quiero ir a casa,
mi pelo está sucio.

A veces creo
suspender lo ordinario
andando deprisa
en ciudades ajenas.
En mi recuerdo está
la intensidad de los parques.
Pero al volver me resguardo,
aborto los días,
contradigo en el suelo
las voluntades.

Mis anhelos se alojan en las madrigueras
y toman el nombre de los ratos necios.
Los cambios se van por la puerta trasera
y yo no me atrevo.

Espío el rojo de las flores
con disimulo incauto.
Y todos notan
que es posible
tener envidia de un color.


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Me sonrojo estos días
a pesar del frío.
Presto atención
a la humedad de las cosas
y lloro fácilmente.

Me emocionan, por ejemplo,
las tristezas ajenas,
una intención,
cualquier esfuerzo.

Voy a sitios vacíos, estos días,
y nazco en las casas llenas.

Mi nombre tiene agujeros.

La ciudad empequeñece mis pies.

Los pasillos bostezan
en este invierno alargado
y voy perdiendo zapatos
cual cenicienta tardía.