Rastrojos

Revista Malabia número 71

Una reflexión y dos cartas, por Miguel Soler

Miguel Soler

 

Después de haber dado a la imprenta algunos libros, muchos artículos y tres antologías, dos en castellano y una en catalán, entre mis papeles viejos y nuevos descubrí algunos que nunca habían sido editados o que, habiéndolo sido, no habían logrado la difusión deseable. He reunido algunos en este volumen titulado Rastrojos por consejo del diccionario de la RAE que califica así, en sentido general, a "los residuos que quedan de algo" y, en sentido más estricto, a "los residuos de las cañas de la mies, que quedan en la tierra después de segar" y "antes de recibir nueva labor".

Con estos rastrojos regreso a mi pasado personal de escribidor, pero también de agricultor. En mis años tempranos de maestro rural recibí el consejo de algún vecino más experimentado: "Deje estas parcelas en rastrojo, maestro, y dentro de unos meses vuévalas a arar y sembrar". Los rastrojos preservan el suelo de la erosión a la que lo exponen las lluvias intensas, aligeran la tierra y la nutren con sus componentes orgánicos. No son paja muerta, sino complemento alimentario de lo que vendrá y el diccionario llama "nueva labor".

Algunas aclaraciones al lector. Para entender mejor el porqué de la presente publicación puede serle útil saber que, desde principios de 2016, venía trabajando a mi ritmo habitual en una nueva obra en que tomo posición sobre aspectos de la problemática educativa que considero fundamentales. Ya tenía título, Valió la pena, y un índice que estimulaba mucho mi trabajo. Problemas de salud se opusieron durante los últimos dos años a mis planes, poniendo freno a esa actividad. Crear pensamiento se me hizo prácticamente imposible. En cambio, rescatar en Rastrojos mi pensamiento anterior inédito me resultó factible y tentador. No tuve otra tarea que seleccionar los ensayos, corregir sus pequeños errores de ortografía y puntuación, y escribir las notas de actualización; todo compatible, y así lo he vivido, con la evolución de mi salud. Con toda intención sigo en esto el consejo de Vaz Ferreira en su Fermentario: "Y no morirse con tantas cosas adentro".

No encontrará el lector en este libro el tratamiento estructurado de temas vinculados a la educación. Todo lo contrario, es un puzzle de reacciones personales a circunstancias que se cruzaron en mi largo camino: trabajos por encargo, registros de actividades de terreno con algún comentario o conclusión, impresiones de viaje, la presentación de libros propios o ajenos, evocaciones afectivas, manifestaciones de rechazo o aplauso a la marcha de la historia. Predomina un talante de breve ensayo. Tampoco encontrará un propósito autobiográfico, no soy yo el tema tratado. Pero, como es natural, al referirme al contexto en el que he vivido y trabajado, se deslizan anécdotas que me sitúan personalmente ante los problemas y las realizaciones.

Para justificarme y mejor darme a comprender por el lector, cada uno de los capítulos, 24 en total, va precedido de una "Presentación actualizada", en la que describo el origen del documento, las circunstancias que rodearon su redacción, sus efectos y su distanciamiento o cercanía de la actualidad, De ahí que estas presentaciones actualizadas concluyan con la mención del año 2017. Todas ellas fueron redactadas ese año, pero en didtintos contextos. La elaboración de muchas de ellas coincidió con acontecimientos históricos infaustos: las terribles catástrofes naturales como los terremotos en México, los ciclones en América Central y el Caribe, y las inundaciones en nuestro Sur; la crisis política en mi Cataluña natal, la repentina y dolorosa muerte de mi gran amigo Daniel Viglietti, a cuya memoria dedico la totalidad de esta obra.

Con la misma intención, he tenido que agregar notas a pie de página. Son todas mías, todas recientes, muchas de ellas me son necesarias para poder discrepar conmigo mismo cuando el paso de los años ha cambiado mi manera de pensar o sentir.

Poseo miles de fotografías, todas previas a la era digital. Pero no me he querido embarcar en una aventura gráfica, de modo que me limito a preceder cada uno de los capítuos por fotografías, muchas de ellas de mi autoría. Las que aparecen en la cubierta fueron tomadas en el verano del 48 en el predio de la escuela Nº 59 de Colonia Concordia, departamento de Soriano, a cuya dirección yo acababa de acceder por concurso. Mi amigo Abner Prada, a quien en otros documentos he calificado como el maestro más completo que he conocido, me acompañó durante varios días para conocer la Colonia y ayudarme a acondicionar el local escolar. Aquí lo vemos cortando malezas, aunque no rastrojos.

Me resultó difícil establecer el orden en que estos ensayos, de gran divesidad temática y de muy variada extensión, debían aparecer en el libro. Finalmente opté por el orden cronológico, ateniéndome a las fechas en que fueron redactados. El primero es de 1942, hace 75 años y el último de 2016. Si mira el índice el lector observará la arritmia de esos rastrojos. El período 1953-1991 aparece como de producción nula. Durante seis de esos años trabajé en el Núcleo Escolar de la Mina. Escribí día y noche, y con posterioridad comenté aquel período en libros y artículos que no fueron rastrojos, sino semillas que siguen dando apreciados frutos. Más tarde, a partir de 1961 estuve trabajando como funcionario de la Unesco, primero en diversdos países sobre el terreno, más tarde en la sede de París. Pues bien, lo que más hice durante esos años fue escribir, verter mi experiencia de maestro uruguayo en documentos cuyos autores quedábamos siempre en el anonimato, pues pasaban a ser documentos oficiales de la organización, resultantes del trabajo en equipo.

Son mucho más numerosas las partes redactadas en el correr del presente siglo (17 artículos), en que mi condición de jubilado me ha permitido expresarme personal y libremente. Pero la elaboración colectiva de pronunciamientos, sobre todo como miembro de la Mesa Cívica de Barcelona, de la Comunidad Educativa de América Latina y del Grupo de Reflexión sobre Educación (GRE) en Montevideo, ha sido para mí una fuente de satisfacciones, con resultados tangibles, aunque ausentes de Rastrojos.

La búsqueda de un equilibrio en la extensión de los distintos capítulos de Rastrojos, me ha llevado a suprimir partes del texto original de mis notas, sobre todo aquellas sobrecargadas de detalles descriptivos que poco aportaban al debate sobre el cambio social. He identificado el lugar de los fragmentos eliminados con el tradicional símbolo (...).

En la concepción de esta colección me han estimulado algunos compañeros y amigos, entre quienes quiero destacar a la Dra María García Alonso, de la Universidad de Educación a Distancia de España. A mi pedido, el manuscrito ha sido objeto del estudio crítico de dos colegas, las profesoras Elsa Gatti y Lilián D´Elía cuyo consejo, que agradezco, me ha sido de gran utilidad. Siempre respetando el material original, se pronunciaron sobre la pertinencia de los diversos capítulos y sobre mis notas aclaratorias recientes. Algunos textos fueron suprimidos o abreviados; uno, a su pedido, salió del silencio que yo le había impuesto. Fue un trabajo exigente, de positivos resultados para el lector. Es obvio que la responsabilidad por el contenido del texto es solamente mía. En la elaboración material del volumen soy deudor de la competente ayuda de Washington García, Cristina Sánchez, Juan Todaro y Cynthia Turenne. A todos mi mayor agradecimiento.

El tránsito de toda obra, desde el manuscrito original hasta el ejemplar en manos del lector, constituye casi siempre un largo viaje, con intervención de editores, diseñadores, correctores, financiadores, impresores, distribuidores, vendedores, cada uno con sus propios y legítimos intereses que no siempre coinciden con los del autor. En ese caso, en cuanto yo di por acabado el manuscrito, la Federación Uruguaya de Magisterio (FUM-TEP) me hizo saber su disposición a tomar a su cargo el trabajo editorial y comercial propio de la producción de toda obra. Me resultó muy grato conocer esa resolución que amplía la función sindical de nuestra FUM, me libera a mí de todos los aspectos logísticos a asumir y presta a los maestros, agremiados o no, el importante servicio de estimular sus lecturas profesionales. Dos ideas deben quedar claras: mi sincero agradecimiento a ellos por esta ampla y generosa colaboración y la liberación de toda responsabilidad por el contenido de la obra atribuible a personas y entidades que me han ayudado a sacarla adelante.

Y no puedo cerrar esta presentación sin protestar una vez más por el asesinato que no cesa de educadoras y educadores latinoamericanos, la mayor parte de las veces perpetrados por fuerzas estatales. Reitero mi intransigente posición favorable al desarme en mi patria nativa, en mi patria de adopción y en el planeta entero.

Finalmente, declaro mi convicción de que, como todo campo con rastrojos, este que el lector tiene ahora en las manos contiene también malezas, cuya extirpación queda en manos de quienes tienen la dicha de ser jóvenes.

 

Montevideo, diciembre de 2017

(Prólogo del autor)