Tres poemas

Revista Malabia número 71

Tres Poemas, de Amanda Berenguer

Amanda Berenguer

 

TAREA DOMÉSTICA

 

Sacudo las telarañas del cielo

desmantelado

con el mismo utensilio

de todos los días,

sacudo el polvo obsecuente

de los objetos regulares, sacudo

el polvo, sacudo el polvo

de astros, cósmico abatimiento

de siempre, siempremuerta caricia

cubriendo el mobiliario terrestre,

sacudo puertas y ventanas, limpio

sus vidrios para ver más claro,

barro el piso tapado de deshechos,

de hojas arrugadas, de ceniza,

de migas, de pisadas,

de huesos relucientes,

barro la tierra, más abajo, la tierra,

y voy haciendo un pozo

a la medida de las circunstancias.



De Quehaceres e invenciones (Arca, Montevideo, 1963)

 

 

 

 

PAISAJE

 

Una estrella suicida, una luz mala,

cuelga, desnuda, desde el cielo raso.

Su cerrada corona acaso sangra.

Acaso su reinado es este instante.

Crecido el mar debajo de la cama

arrastra los zapatos con mis pasos

finales. Sacan los árboles vivos

un esqueleto mío del espejo.

En el techo los pájaros que vuelan

de mis ojos brillan fijamente.

Acaso no esté sola para siempre.

La mesa cruje bajo el peso usado

de las hojas secas. Un viento adentro

cierra la puerta y la ventana y abre

de pronto, entre cadáveres, la noche.

También mi corazón. Ya voy, tinieblas.

 

De La invitación (La Galatea, Montevideo, 1957)

 

 

 

VIAJE

 

Yo estuve seguramente encaramada

en los finos ramajes a prueba de astros

desprendidos o maquinales satélites

a horcajadas sobre el lomo

de un estatuto burgués

al menos me parecía― una rama

del paraíso penúltimo del miedo

tan parecido era al caballo

que de niña galopaba

de tarde entrando hacia la noche

por una puerta falsa que se abría.

 

Vamos me dije galopa de nuevo

hacia la sombra vamos

a dar la vuelta a darnos vuelta

la vuelta me dije ahora decisiva

hasta la otra cara del nosotros

pisando esas hojas de otoño reincidente

compañeras de estación y solidarias.

 

Cuando dejamos palabras endeudadas

y el viejo pensamiento entreverado

con la tierra removida

y anduvimos sin parar un tiempo semejante

al de la vida

los otros murmuré nosotros

nosotros me puse a gritar despabilando

amor y hambre

mientras cruzaba la línea divisoria.

 

 

De Materia prima (Arca, Montevideo, 1966)

 

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HR. / Selección de textos para el libro Los árboles sin bosque (Barcelona, 2010).