La Literatura de Inglaterra (Primera parte)

Revista Malabia número 69

Nick Ravangel


La poesía Barroca

El período que va desde la muerte del gran poeta medieval inglés Geoffrey Chaucer en 1400, hasta 1485, fecha en que concluye la Guerra de las Dos Rosas, es poco propicio al desarrollo de las artes literarias. El reinado de la dinastía de los Lancaster, que llega al poder con Enrique IV en 1399, es breve y concluye en 1461, cuando Eduardo IV recupera la Corona para la dinastía York. Pero la lucha entre ambas facciones, iniciada en 1455, no concluye hasta 1485, cuando Enrique VII Tudor, heredero de la dinastía Lancaster, vence en la batalla de Bosworth y se impone definitivamente a los York.

La estabilidad de los reinados de Enrique VII y su hijo Enrique VIII y de Isabel I rompen con la tradición medieval y proporcionan al país una base sobre la que se asientan el renacimiento político y social, además del cultural.
Shakespeare dramatiza en sus llamadas obras históricas los acontecimientos del pasado medieval y los interpreta desde una perspectiva política que ensalza los orígenes gloriosos y trágicos de la dinastía Tudor.

El lenguaje en el que escribiera Chaucer durante las últimas décadas del siglo XIV ya reflejaba un cambio.
La llegada de los invasores normandos en 1066 a la isla había impuesto su idioma, que se usó durante 200 años. Las consecuencias de esta superposición con el anglosajón fueron importantes. El inglés antiguo era una lengua de origen germánico, fruto de las diferentes tribus que se habían establecido en el país: anglos, jutos y sajones, principalmente. La adición de una lengua de origen románico desvirtuó el desarrollo del inglés antiguo.

A finales del XIV el inglés ya se había recuperado del trauma lingüístico y Chaucer utiliza una lengua que es la base del inglés del Renacimiento y también del moderno. Pero durante el siglo XV el idioma sufre aún una última transformación en el terreno de la fonética, una mutación de pronunciación en las vocales, y que hasta no lograr la estabilidad retrasa el crecimiento de la poesía, titubeante ante la pronunciación.

Renacimiento y Humanismo en Inglaterra

Las características de estos dos períodos no difieren mucho del resto de Europa. El pensamiento se va poco a poco liberando y desborda los límites de la filosofía escolástica. Las convicciones y principios dejan de ser, también de a poco, dogmáticos para transformarse en problemáticos. En el orden cultural se va imponiendo el mundo clásico de Grecia y Roma. Las posibilidades geográficas se amplían y la poderosa flota inglesa llega pronto a todos los confines. Se inicia así una época de esplendor económico que comienza a establecer el imperio.

La época correspondiente a Shakespeare se ha reconocido como de las más importantes en lo que al desarrollo de la industria y el comercio se refiere.

Pero el Renacimiento inglés tiene rasgos propios. La monarquía Tudor despierta en Inglaterra el sentimiento patriótico, fortalecido por el aislamiento que supone la Reforma religiosa. El capitalismo naciente y la Reforma determinan la idiosincracia del Renacimiento inglés. El sentimiento patriótico alcanza su cumbre con la victoria sobre la Armada Invencible, en 1588, lo que implica la victoria del protestantismo sobre el catolicismo y la supremacía inglesa en todos los mares. El Renacimiento inglés comienza con confianza en el futuro.

La cultura humanista tarda en llegar a Inglaterra, ya que su origen es mayoritariamente italiano y francés, contrario al protestantismo. El Humanismo más cosmopolita había comenzado a florecer de la mano de Linacre, Colet, Lily y sobre todo Thomas More, autor de Utopía en latín. Pero apenas habían comenzado a florecer las ideas humanistas, Enrique VIII condena a muerte a More, disuelve monasterios y conventos y retrasa la llegada del Humanismo, aunque, por otro lado, aleja el ámbito mental medieval del renacentista. Pero el Humanismo se acaba imponiendo y la paz que disfruta el país desde 1485 permite a nobles y aristócratas dedicarse a las artes, tal como ocurría en Italia y Francia.

La belleza original del verso de Chaucer no puede servir para orientar la poesía del siglo XV. Las diferencias vocálicas desvirtúan el verso original. Debe pasar mucho tiempo hasta que el verso inglés recobre su equilibrio. Esto ocurre con la llegada de Edmund Spenser en 1579.

Edmund Spenser (1522-1599)

Es el primer poeta inglés desde Chaucer. Su vida y actividades son las de un cortesano renacentista intensamente influenciado por el neoplatonismo. La formación filosófica recibida en Cambridge le dejó una tendencia a la alegoría como forma de concebir el mundo y expresarse. Debe recordarse el carácter culto de su puritanismo, que, como en el caso de Milton, se rebela contra el materialismo de la iglesia reformada. El soneto petrarquista se había establecido sin discusión como la forma favorita entre los poetas isabelinos, pero Spenser introduce una forma poética nueva en el verso inglés: la poesía pastoril que escribieran Virgilio y Teócrito en la antigüedad clásica. Shepherd´s Calendar es un poema compuesto de doce églogas –los meses del año- cuyo tema es el amor de Colin Clout por la pastora Rosalind, cuya actitud es pasiva y displicente. El poema, que explora todos los temas del género pastoril, critica la situación religiosa. Formalmente, ofrece variaciones de estrofa utilizando el verso de diez sílabas, y algunas églogas están escritas siguiendo la métrica popular, que sólo se ajusta a la norma de los cuatro acentos por verso. El lenguaje es arcaizante, lo que generó muchas críticas entre los contemporáneos.

En 1580 Spenser se trasladó a ocupar un cargo público en Irlanda. Allí compuso The Fairie Queen, en el que exaltaba la figura de Isabel I, expresando así su intenso patriotismo. En este poema el autor inventa la estrofa, una unidad de nueve versos decasílabos a los que se añade un alejandrino. El resultado es un verso noble y perfecto, que describe precisamente una serie de escenas variadas y ricas.

A medida que fueron pasando los años, el abismo entre los ideales caballerescos de su juventud y la realidad de su país, en continuo cambio, creció, lo que dio lugar a que en 1591 publicara Complaints.

En 1595 escribió una nueva alegoría de carácter pastoril Colin Clout Comes Home Again, que expresaba su opinión sobre la poesía de la época, y Prothalamion y Epithalamion dando esplendor al género iniciado con Shepherd´s Calendar.   

La obra de John Milton (1608-1674)

Su padre, un escribiente, reconoció desde su niñez el talento que poseía y le impuso una educación especial –siete años en Cambridge y seis en su residencia de Horton apartado de cualquier otra actividad. Concluidos esos estudios lo envió a Italia. Como consecuencia, a los 30 años Milton era una de las personas más preparadas del país, no sólo en literatura sino también en música. Pero esa educación aislada lo privó de conocer los aspectos comunes de la vida, lo que le ocasionaría dificultades.

A Milton le tocó vivir en épocas convulsas, por lo que sus primeros veinte años de vida debió dedicarlos a la discusión por escrito de temas políticos y sociales. Regresó de Italia totalmente convencido de la superioridad de la Iglesia anglicana sobre la católica, por lo que militó a favor de Cromwell y la república y contra la monarquía.

Luego de alternar el periodismo con las clases privadas en su casa de Londres, se casó en 1643 con Mary Powell, procedente de una familia que apoyaba la monarquía. Apenas celebrada la boda, Mary fue a visitar a sus padres y volvió dos años después, tiempo aprovechado por Milton para escribir intensamente a favor del divorcio. Tras la muerte del rey en 1649, su situación mejoró y siguió escribiendo a favor del partido de Cromwell y la república hasta la restauración monárquica. En 1952 perdió la vista y enviudó de Mary Powell, que había vuelto a su lado y con quien tuviera tres hijas. La Restauración terminó con su vida pública y lo sometió a cierta persecución política, aunque no demasiado grave porque no se le consideraba peligroso. Los últimos años de su vida transcurrieron el la tranquilidad.

Milton es escritor bilingüe –latín-inglés- y en ambos idiomas exhibe habilidad y talento casi desde niño. Son de su primera época On May Morning, Oh Nightingale y elegías como An Epitaph to the Marchioness of Winchester.

Entre los 24 y 25 años aparecen obras mucho más sólidas de las escritas hasta el momento. On Time, Upon the Circumcision y At a Solemn Musick, revelan ya las características propias de su estilo, su habilidad en la construcción rítmica de las estrofas y un lenguaje elevado y a la vez expresivo. Y también L´Allegro, Il Penseroso y Comus, una obra pesimista escrita en verso blanco de una gran perfección. Por esos años escribe Ad Patrem y la pastoral elegíaca Lycidas, dedicada a un joven amigo clérigo que había perecido ahogado, en la que critica al clero corrompido de su tiempo, desbordando al mismo tiempo esplendor y musicalidad.

Los años siguientes los dedica a tareas periodísticas tratando tres temas fundamentales, el divorcio, la controversia religiosa y la puesta en duda de la monarquía.

Sus tres últimas obras, Paradise Lost (El paraíso perdido), Paradise Regained (El paraíso recuperado) y Samson Agonistes, son sin duda tres obras perfectas que convierten a Milton en uno de los más distinguidos poetas ingleses.  

John Donne (1571-1631)

Donne es el primer poeta inglés que rompe con la tradición petrarquista e inicia una nueva era poética. Cultiva todos los géneros (lírico, satírico, elegía y religioso) y en todos es original. Su poesía se caracteriza por el uso del conceit, recurso estilístico similar al concetto italiano, que caracteriza la poesía del siglo XVII.

Donne estaba emparentado por parte de su madre con Thomas More, por lo que creció en el seno de una familia católica, pero posteriormente se hizo protestante y llegó a ser pastor. Su obra no delata la razón del cambio –podría explicarse por las dificultades de todo tipo que encontraban entonces los católicos-, pero su visión de lo físico y lo metafísico nos muestra a una persona atrapada entre dos visiones irreconciliables de lo religioso, que es para él motivo de preocupación, incluso de escrúpulo.

En 1592, mientras estudiaba leyes en Lincoln´s Inn, conoció al duque de Essex, con quien se embarcó en las expediciones a Cadiz en 1596 y a las Azores, y a Thomas Egerton, hombre de gran importancia política que lo nombró su secretario. Pero su casamiento en secreto con Anne More, pariente de Egerton, truncó su carrera y lo llevó a la cárcel. Hasta 1615 vivió con graves penurias económicas, pero en ese año su transformación al protestantismo lo ascendió rápidamente hasta llegar, en 1621, a  Deán de San Pablo y personaje famoso.

En vida sólo publicó poemas y algunos sermones. Fue entre 1633 y 1635 que se publicó la totalidad de su obra: Songs and Sonnets, Epigrams, Elegies, Epithalamion, Satyres, Letters to Several Personages, Funeral Elegies, The Progress of the Soul y Divine Poems.

Las elegías reflejan gran diversidad de estados de ánimo, que van de la ternura al cinismo. Las sátiras, como las de otros poetas de la época, son una crítica a la corrupción y el vicio de su tiempo escrita en tono duro y enérgico. En su humor, que aparece en Canciones y Sonetos, dominan la ira y la frustración.

Por encima de todo, su lenguaje es, además de vigoroso y coloquial, muy sutil y tiene en sus poemas una clara tendencia a las alusiones geográficas y científicas, propias del momento de apertura que vivía el mundo.

El soneto inglés

El soneto italiano es un poema de 14 versos dividido en dos partes; la primera formada por 8 versos que riman regularmente formando dos cuartetos; la segunda formada por 6 versos que riman formando dos tercetos.

Este soneto fue adaptado por Wyatt de Petrarca y llevado a Inglaterra, donde Surrey lo transforma.

Conservando los 14 versos originales, el soneto inglés consta de tres cuartetos de rima diferente y dos últimos versos que son un pareado. Generalmente se plantea el tema en el primer cuarteto, se desarrolla en los dos siguientes y se resume en los dos últimos versos, que muchas veces son epigramas.

Tal vez los sonetos más famosos en lengua inglesa son los que escribió William Shakespeare y Thomas Thorpe publicó enteros en 1609 (parte de ellos ya circulaba con anterioridad).

El teatro en la era isabelina

El teatro es la distracción más importante del siglo XVI. La improvisación crece y son muchos los señores y nobles que cuentan con un grupo dramático entre sus sirvientes.

La ciudad de Londres, sin embargo, se opone al establecimiento de locales de representación, por motivos religiosos y porque temen que la gente se distraiga de sus labores. Por eso los primeros teatros se construyen en las afueras, como The Theatre, en Shoreditch, fundado por Burgage, ligado al conde de Leicester. La corte y los nobles defienden el teatro, hasta el extremo de formar una compañía al servicio directo de Isabel I.

La estructura de los teatros isabelinos difiere de los actuales. Se trataba de pequeñas estructuras techadas, octogonales o circulares, con un patio abierto en el centro. El escenario tenía una parte exterior y otra interior, las obras se representaban a la luz del día y no se permitía a las mujeres entre los actores. La cercanía entre el actor y el público permitía las sutilezas en el gesto y en el uso de la voz.

William Shakespeare:  Macbeth y El rey Lear

Ambas obras pertenecen al período de madurez del autor, cuando escribió sus obras más conocidas.

Macbeth procede de dos relatos diferentes aparecidos en Chronicles of Scotland de Holinshed: el asesinato del rey Duff y las andanzas de Macbeth. Shakespeare los condensa para presentar un análisis de la ambición por el poder. La primera escena anuncia, mediante el conjuro de las brujas, la subversión en el orden natural que provocará la tragedia y la destrucción. Macbeth y su esposa se ciegan ante el deseo de poseer la corona de Escocia, y esa obsesión los llevará a asesinar al rey Duncan y a hundirse en la decadencia moral y física que los conducirá a la muerte.

Cuando Macbeth, un guerrero presentado al principio con cualidades heroicas, mata al rey, comprende que su vida ha perdido sentido. De ahí en adelante es un hombre desesperado en un mundo  donde impera la sinrazón, el caos y la pérdida de la coherencia. Las consecuencias psicológicas de la nueva situación son tan trágicas para él que se va transformando, de un ser abyecto y vil, hacia una figura dolorosa y patética con una imagen ambivalente y sutil.

La verdadera tragedia es la desgracia de personajes que no sólo no son monstruos, sino que poseen sensibilidad moral, pero a los que una vana ilusión los domina haciéndolos sus víctimas. Entonces sufren las consecuencias de la lucha entre el bien y el mal, que cuestiona las relaciones entre responsabilidad y decisión, y del frágil equilibrio entre el comportamiento humano y el orden de la naturaleza.

El rey Lear está centrada en la antigua mitología inglesa y tiene una cierta conexión con Arcadia del escritor Philip Sydney. Como en Macbeth y otras tragedias, el autor observa y analiza los componentes trágicos de la existencia humana.

Al principio del drama, Lear está ciego, extremo que, unido a la adulación que le rodea, le impide ver la verdadera naturaleza de las cosas y su propia vida interior. Por eso comete un pecado de consecuencias trágicas: desterrar a Cordelia, su única hija buena. Y sólo volverá a ver la realidad cuando se desencadenen procesos que desvelarán una crueldad y una perversidad que no había sabido y querido ver. Lear es la expresión de una de las visiones más amargas de la naturaleza humana. Pero no todo es negativo. El descubrimiento de la realidad le irá revelando que junto al mal conviven el amor y el perdón, la integridad y la virtud, encarnada en Cordelia. Esta última es el recurso final que hace la vida soportable y le enseña valores que se afirman frente a la desilusión que le han producido la maldad y el egoísmo de Goneril y Regan.

Christopher Marlowe (1564-1593)

Forma parte del grupo conocido como University Wits, de dramaturgos conectados con universidades, pero más allá de su adscripción colectiva, como autor añade posibilidades al teatro isabelino, en primer lugar transformando y mejorando el verso blanco que venía usándose en el teatro y aportando al momento histórico, social, político y cultural temas que le son propios. La vida de Marlowe, tempestuosa, de actividad incansable, de muchas lecturas, tuvo rasgos similares a su obra y a su muerte, en circunstancias trágicas, tras haber estado envuelto en intrigas políticas como agente y espía.

Los poetas románticos ingleses

William Blake (1757-1827)

Pintor, grabador, poeta y místico, encontró en los siglos posteriores (especialmente en el XX) la acogida literaria que le fue negada en vida.

Su rehabilitación no ha sido tan injustificada si se tiene en cuenta la complejidad figurativa y simbólica de sus poemas y la fusión que presentan con la ilustración plástica. Frente a la escasa formación literaria que tuvo su itinerario artístico fue mejor trazado y condicionó su tarea como poeta. A pesar de su carácter introvertido, entró en contacto con los grandes artistas de entonces. Resultado de esta doble iniciación dentro de una misma tendencia neoclásica y gótica fue la publicación y de las ilustraciones de Songs of Inocence (Cantos de Inocencia) de 1789, procedimiento artístico laborioso que aplicaría también a Songs of Experience (Cantos de Experiencia, 1794), al Book of Thel (Libro de Thel), a The Marriage of Heaven and Hell (La boda del cielo y el infierno) y a los poemas proféticos Milton y Jerusalem. El sentido de totalidad artística que forman el texto, las imágenes y el diseño decorativo se pierde en las versiones actuales, que extraen sólo las palabras escritas.

Las dificultades para leer la obra de Blake provienen de la complejidad simbólica que exhibe y de las ideas religiosas que la animan, pero no podemos hacer una síntesis de ella olvidándonos de las dos caras de Blake. Hasta 1794 su obra había crecido junto al radicalismo religioso, la adhesión al liberalismo político y el entusiasmo por la revolución que se alumbraba en Francia. Las ilustraciones a los poemas que publicó entre 1790 y 1794 reflejan una fervorosa explosión reformista, sobre todo de la Iglesia y el Estado, coreando la libertad preconizada por la Revolución Francesa (The French Revolution, 1791), la norteamericana (America) y la europea en general (Europa) y poetizando la liberación sexual y el fin de toda opresión social y política (Visión de las hijas de Albion, 1793) en un escenario cada vez más universal y cósmico.

Tras la diáspora de los disidentes religiosos en 1794 y el paso de sus amigos artistas a posiciones apolíticas, Blake vive un período de soledad. Diseña entonces, a partir de las líneas poéticas de una mitología grandiosa, un sistema único y comprensivo sobre la historia y la naturaleza del mundo en el que la acción ha dado paso al espíritu, que no disipa, sin embargo, las sombras de una frustración personal y colectiva hacia la sociedad inglesa. The Book of Urizen (El libro de Urizen, 1794) señala el comienzo de este mito cósmico, situando como centro de gravedad la caída del hombre y como dinámica narrativa la confrontación entre la razón (Urizen) y la inspiración (Los) para aspirar a una reintegración final psíquica individual y colectiva. Pero es sobre todo en The four Zoas (Los cuatro Zoas ¡797-1804) en donde se percibe la articulación total del sistema, tanto simbólica como teológicamente.

Ese gran sistema no es una sustitución alegórica y mística de un proyecto social frustrado. Blake fue un rebelde toda su vida. Pero traslada la fuerza revolucionaria al plano artístico e imaginativo, terreno en el que creía que se operan las verdaderas revoluciones culturales. Conviene por ello leer estos poemas a partir de esas claves transformativas. Sus dos protagonistas centrales, Los (sustituto del Orc revolucionario de los primeros poemas y representante de la imaginación humana) y Urizen, encarnación del poder opresivo de la ley y la razón. La redención de la humanidad culmina con el retorno a la condición de la unidad originaria, con la restauración de una visión nueva y compartida por la “hermandad universal”. Un Apocalipsis visionario al que se accede por la intensificación de la experiencia sensorial.

Wordsworth (1770-1850)

Si Blake recurre a símbolos para preconizar una liberación imaginativa, Wordsworth echa mano al libro de la naturaleza. “Para mí –señala en su oda Intimations of Inmortality-, la más humilde flor que se abre puede inspirarme pensamientos demasiado profundos para las lágrimas”.

Wordsworth creyó en la posibilidad de una revolución poética cuando publicó junto a Coleridge las Baladas líricas (1798). Pero las circunstancias políticas, el aire democrático que se respira en el prefacio a la segunda edición y el pregón liberador que entona a favor de las cosas sencillas, la gente sencilla y el lenguaje sencillo hicieron que este supuesto “manifiesto romántico” sirviera al mismo tiempo de carta sobre los derechos humanos y de preceptiva poética. Varios años más tarde su amigo Coleridge le reprocharía ese oportunismo y sugeriría que la poesía de Wordsworth era algo más que ese experimento de 1798.

El proyecto original no contenía lemas poéticos revolucionarios, sino un equilibrio renovador, expresado en la consigna “supernaturalismo natural” y en el título contradictorio (¿quién habría considerado hasta entonces una balada como pieza lírica?). Wordsworth trataría sobre asuntos sencillos dándoles color con la imaginación. Y Coleridge escogería aspectos misteriosos y mágicos para investirlos de ilusión de realidad (naturalizar lo sobrenatural). Este acuerdo quedó sellado con algunos de los poemas de ambos autores, en especial La balada del viejo marinero de Coleridge y Versos compuestos unas millas más arriba de Tintern Abbey de Wordsworth.

En la segunda edición Wordsworth aprovechó para dar razón a sus incursiones poéticas, justificar su depuración de la balada tradicional y delinear unos principios que orientarán su obra posterior. El credo poético es fundamentalmente neoclásico en su retorno a la simplicidad de contenido y por su respeto a la experiencia personal, mas el rigor con el que afronta la revisión de la dicción poética, la responsabilidad moral y profética del compromiso artístico y la concepción de la creación poética lo convierten en exponente indiscutible de la teoría romántica y pionero de las poéticas modernas. De hecho, toda su producción literaria es una exploración constante de estas premisas.

Puede decirse, que como Blake, fue conducido hacia una encrucijada por los acontecimientos históricos.  Educado en el St John´s College de Cambridge, vivió en Francia el espíritu revolucionario al tiempo que iniciaba una relación amorosa con Annette Vallon. El retorno a Inglaterra, el estallido de la guerra con Francia, la ejecución de sus amigos girondinos y la contemplación directa de la época del Terror –a la que se agregaban sus inútiles intentos de congraciarse con Annette y su hija Caroline- lo dejaron al borde del derrumbamiento emocional y de la agonía ideológica. Atrás quedaban los paisajes teñidos de idealismo republicano que guiaran su viaje por Suiza (Descriptive Sketches 1791-1793) e incluso sus paseos por la región de los lagos (An evening walk (1787-1793).

Del colapso se levantaría con una tragedia en verso (The Borderers 1795-1797), reacción desde el refugio del medievalismo goticista contra el racionalismo corruptor de Godwin, y con Guilt and Sorrow 1791-1794), repaso dolorido a los problemas de la deserción y de la crueldad social y política.  Desde 1798 hasta 1807 empieza a cobrar vida el gran proyecto sugerido por Coleridge como contrapartida a sus propios sistemas filosóficos. Sobre un diseño organicista, The Recluse iba a comprender una introducción o pórtico (Preludio) y tres partes más. Wordsworth pudo escribir el Preludio, un libro de la primera parte y toda la segunda, nueve libros de The Excursion. Pero el sueño romántico ya estaba realizado, pues muchos de los poemas publicados con anterioridad completan el proceso de regeneración y de análisis individual mediante una comunión a veces panteísta con la naturaleza y de un misticismo pletórico en “revelaciones”. El Preludio es la gran obra maestra en este sentido por su despliegue autobiográfico y sincera espontaneidad. La sucesión de momentos líricos enhebra esta épica personal sin perder claridad sus intuiciones e ideas filosóficas. Cuando escribe La Excursión ya es un poeta nacional con una misión pública al que doblegan las batallas intelectuales y por ello ofrece una amalgama difusa de impresiones y se muestra como un filósofo solitario e incrédulo que lamenta el advenimiento de la revolución industrial y busca refugio en la intuición. De allí en adelante comienza su declinar, que no es infecundo, pero sí lleno de tensa calma, perturbada por su desconfianza hacia la situación política y amansada en los recuerdos que dieron vida a su poesía.  

Samuel Coleridge (1772-1834)

Realidad y leyenda han conspirado para erigir a Coleridge en líder indiscutible del romanticismo inglés. La realidad vuelve a validarse insistiendo en sus rasgos intelectuales, en su talante como hombre de letras, su formulación de los principios románticos, su influencia en las opiniones sociales, políticas, religiosas y estéticas de entonces y, en general, en la eficacia revulsiva y catalizadora de toda su tarea intelectual. Como poeta puede decirse que su gran creación es Wordsworth y sus obras menores Scott, Shelley y Keats. Como crítico, en especial de Shakespeare, fertilizó las ideas de Lamb, Hazlitt, Hunt, De Quincey, Carlyle y Emerson. Como comentarista social influyó en Carlyle y J. S. Mill. Como apologista cristiano dejó controversias fustigantes contra Paine, Lessing, Darwin, Godwin y Dupuis y abonó el terreno para el movimiento de Oxford. Como filósofo puso el idealismo alemán al alcance de la intelectualidad británica. Y como crítico literario dejó en Biographia Literaria, 1817) un compendio de ideas básicas sobre el romanticismo.

La leyenda Coleridge nos dice que era un genio que se quedó en promesa y que, por debilidad de carácter o adicción al opio, su increíble potencial creativo no obtuvo el logro deseado. Su mente activa y siempre fértil, prosigue la leyenda, carecía de tenacidad y método para llevar a cabo sus proyectos, sus mejores poemas fueron resultado de intensas explosiones de inspiración y los más largos quedaron incompletos o fragmentarios. Curiosamente, los períodos de mayor revuelo político coinciden con sus desbordamientos creativos: The Ancient Mariner, Kubla Khan y Cristabel (1797-1798); Zapolya y Biographia Literaria (1817); Aids to Reflection (1825) y The Constitution of Crurch and State (1829).

Frente a su obra ensayística, la poesía de Coleridge responde a las líneas trazadas por su leyenda. No cabe duda que desde 1808, año en que comenzó a dar conferencias, hasta 1828, año en que aparece convertido en centro del mundo literario, las fluctuaciones de su carácter se atenúan y su obra aparece controlada y tamizada por su posición conservadora en política y religión. Como había afirmado en Biographia Literaria, estaba dispuesto a quedarse solo antes de renunciar a las “obligaciones de la inteligencia”. Y efectivamente, la prosecución de ese objetivo en variedad de campos teóricos y artísticos le creó perplejidades y dudas que a la larga perjudicarían su vena poética. La idea misma de hacer poesía filosófica no estaba a su alcance y se la encomendó a Wordsworth.

Byron (1788-1824), Shelley (1792-1822), Keats (1795-1821)

No podemos hablar de ellos sin usar eso de “poetas malditos”, surgido por su “genialidad” precoz, los desplantes en sus relaciones amorosas, sus desafíos y repudio a las instituciones sociales, su exilio voluntario y una muerte prematura que los convierte en leyenda.

El más famoso de todos ellos es, sin duda, Byron, un aristócrata extrovertido, iconoclasta, audaz en su crítica contra el orden social y moral, melancólico, rebelde y solitario, gran amante y ateo libertino.

Su primer libro, Hours of idleness, 1807, fue mal acogido y Byron desató su furia contra quienes lo criticaran en un poema satírico: English Bards and Scotch Reviewers, 1809.

En Harrow y Cambridge ya había dejado fama de su precocidad sexual y de su desbordante vitalidad, a pesar de su cojera y la aparente fragilidad psicológica que aparentaba. Como joven Lord inglés, título que le cayó encima a los diez años, colmó de excentricidades su etapa estudiantil. En 1809 comenzó su periplo por el Mediterráneo, que reflejó en Childe Harold, 1812, y que le convirtió en celebridad ante la moda londinense. Cuatro cuentos turcos –The Giaour, The Corsair, Lara y Tha Bride of Abydos- y otras narrativas en verso –Hebrew Melodies y The Siege of Cornth- se suceden con gran éxito llamando a la libertad universal y colmando, con su exotismo melancólico, las fantasías colectivas de un heroísmo sin ideología.

Si Byron proporciona a su generación la imagen de rebeldía, es Shelley quien protagoniza el reto ideológico. Su inconformismo fue más efectivo que el de Byron, así como sus propuestas poéticas. Sus experiencias formativas son similares a las de este último –origen aristocrático, odio a las instituciones, amor por todo lo mediterráneo- , pero su intención no se limita a la reacción contra una situación, sino que consiste en cambiar la sociedad. La épica de sus rebeliones se inicia con los “años locos” en Eton y con la expulsión de Oxford como consecuencia de la publicación del folleto The Necessity of Atheism, 1810, fruto de sus lecturas de Godwin y los filósofos materialistas del siglo XVIII. Sigue luego con el rapto de Harriet Westbrook y el compromiso matrimonial, su campaña en Irlanda a favor de los protestantes, los contactos con Godwin, amistad que llevaría al abandono de Harriet y la dedicación total al radicalismo del maestro, el matrimonio con Mary Godwin y la publicación de La reina Mab, 1813, donde se perfilan las ideas básicas de los miembros de esa generación. El libro aparece en una encrucijada ideológica que fermenta con lecturas de las filosofías más escépticas, de mitología agnóstica, doctrinas esotéricas, orientalismo y literatura clásica, especialmente la griega y está en contraposición con ese romanticismo introspectivo, cristiano, germánico y “nacionalista” de Coleridge y Wordsworth que ya no encaja en la situación social y política posterior a Napoleón.

A esta reacción “neoclásica”, paganizante y mitológica pertenece la mejor poesía de Byron, Shelley y Keats y sus concepciones filosóficas y estéticas.

Byron exterioriza en Don Juan el culto al heroísmo y a la sexualidad mediterránea, al mismo tiempo que vive varias aventuras amorosas, es expulsado de Inglaterra y apoya al movimiento carbonario y a la independencia de Grecia. La elección de sus temas –Beppo (1818), Mazeppa (1819), Sardanápalo (1821) y Caín (1821)- no deja lugar a dudas del cambio de latitudes realizado desde su nórdico Manfred (1817). Es giro no es técnico sino idiosincrático.

Shelley pretende volar más alto con La reina Mab, pero la obra se queda en una proclamación del ateísmo y una requisitoria violenta contra reyes, poderosos e instituciones, al igual que The revolt of Islam (1817). Es a partir de su marcha a Italia en 1818 cuando Shelley comienza a verter sus ideas en moldes de tradición clásica, influenciado por los dramas de Esquilo y Calderón y la tradición elegíaca de John Milton. Su vuelo más espectacular es Prometeo Liberado (Prometheus Unbound, 1820), donde el reformismo materialista se despoja de lo estrictamente doctrinario y accede al idealismo platónico sin desertar de su visión reformista.

Varios poemas suyos del período 1814-1817 –Alastor, Hymn to intellectual beauty, Mont Blanc- están marcados por varios sucesos trágicos: la muerte de Harriet, la de dos de los hijos que tuviera con Mary, su exilio forzado.

En The Witch of Atlas, 1820, recrea en términos sexuales el mito de la creación y de esa forma expresa las angustias creativas del poeta; en The sensitive plant celebrará la indestructibilidad de la belleza, en Epipsychidon la unión amorosa y en Ode to the west wind a la naturaleza. Demostrará estoicismo y sereno misticismo en Adonais, 1821, su elegía a la muerte de Keats.
Al morir dejó inacabada Triumph of Life.

Keats, a diferencia de otros poetas, era pobre, enfermó pronto de tuberculosis y tenía modestas ambiciones literarias.

Su primer libro, Endymion, 1818, fue criticado con dureza por el Quarterly Review. Pero entre junio y setiembre de 1819 aparecen sucesivamente St Agnes´s Eve, La Belle Dame sans merci, sus seis odas, Lamia, Hyperion y varios sonetos que cambian la visión sobre su poesía.

En todas esas obras se advierten los rasgos que han quedado como definitivos y definidores de la búsqueda de la belleza de Keats: concreción descriptiva, aprehensión total de la experiencia poetizada, distanciamiento estético y contemplación gozosa del objeto presentado. La vulnerabilidad de la relación amorosa, la belleza en el arte y en la naturaleza, la transitoriedad de las cosas o el deseo de morir son algunos temas que tejen sus narraciones, sin verse presionadas por doctrinas filosóficas o credos religiosos. La complejidad de la existencia humana se hace transparente en la obra de Keats.

Oscar Wilde (1854-1900)

Nació en Dublín y su infancia fue privilegiada, siendo hijo de un eminente oculista y de una madre con aficiones literarias. Su primer libro, Poems (poemas), apareció en 1881, cuando Wilde ya era figura destacada en los salones londineneses. Después de dos años en París se casó y tuvo dos hijos. Entre 1888 y 1894 desarrolló una intensa tarea literaria mientras dirigía la revista The Woman´s World. Son de este período The happy prince (El príncipe feliz), dos volúmenes de narraciones, Lord Arthur Savile´s crime (El crimen de Lord Arthur Savile), A house of pomegranates (Una casa de granadas) y su única novela, The picture of Dorian Gray (El retrato de Dorian Gray). Sus ensayos, Intentions (Intenciones) y The decay of lying (La decadencia de mentir), expone su conocida tesis de la superioridad del arte sobre la naturaleza.

En la cúspide de su carrera comenzó a escribir obras de teatro para las personalidades más relevantes de la escena londinense (El abanico de Lady Windermere, Una mujer sin importancia, Un marido ideal). El éxito de las tres piezas animó a Wilde, que escribiría Salomé, representada por Sara Bernhardt y prohibida luego por su tema bíblico, y The importance of being Earnest, traducida al español de manera lamentable como La importancia de llamarse Ernesto, cuando en realidad debería ser la importancia de ser serio. El autor la definía como “una comedia trivial para gente seria”.

Su éxito iba acompañado de una vida despreocupada, intolerable para la época victoriana. La denuncia del padre de Alfred Douglas dudando de su moralidad lo lanzó con renovados bríos a la palestra. En lugar de callarse y salir del país, como le recomendaban sus amigos, demandó al denunciante por libelo. El juicio le fue adverso y fue condenado a dos años de cárcel en el penal de Reading. Durante su estancia en la cárcel escribió una larga y amarga carta a su amigo Alfred Douglas en la que analiza su relación con él y da rienda suelta al resentimiento contra su padre. En 1987 salió de la cárcel ya totalmente arruinado y se dedicó a vivir en Francia e Italia de la caridad de sus amigos. Antes de morir escribió La balada de la cárcel de Reading, su obra poética más famosa.

La narrativa del siglo XVIII

La novela, como medio expresivo realista y subversivo, encuentra, en el siglo XVIII inglés, hechos sociales y culturales apropiados para su desarrollo. Es un momento de auge de la burguesía y el mercantilismo creciente no logra avasallar el mundo de la cultura. Por su parte, la subversión original de la novela no conmueve los cimientos de una sociedad muy marcada por el poder, la condición social y los ingresos económicos. Su papel inicial consiste en registrar las contradiciones humanas dentro de un orden social aceptado; pero el desmantelamiento de la filosofía moral por la social, eminentemente pragmática y empirista, favorece el nacimiento de la novela. Ciertos hechos sociales produjeron innovaciones culturales: el auge del periodismo y las revistas literarias, la inmersión del escritor en la política, la disminución del mecenazgo, etc. Comienza la etapa del negocio del libro, de la aparición de los magnates del mundo editorial junto a libreros, impresores, mayoristas. La abolición del derecho de Copyright (1774) dio lugar a publicaciones anónimas y ediciones pirata y a la aparición de bibliotecas ambulantes y parroquiales. La producción literaria crece, el público lector es más joven y heterogéneo y el escritor convierte su trabajo en una profesión.

Samuel Richardson (1689-1761) es el referente inicial de la novela inglesa. En su obra trató de eliminar todo lo que se acercara a incidentes maravillosos o improbables. Es que los orígenes de la novela están unidos al realismo.

Daniel Defoe (1660-1731), londinense, periodista, negociante y agente secreto en Escocia, tenía más de 400 publicaciones y un sinfín de experiencias vitales (encarcelamiento, quiebras financieras, etc.) cuando a los 60 años publicó la primera parte de Robincon Crusoe. Su novela no fue tomada en serio al principio porque, ¿qué era? Defoe aísla al personaje principal y así pone a prueba su moral puritana. El intento de reconciliar esa moral con la nueva conciencia social deja al descubierto una incongruencia enriquecedora para la futura novela inglesa, pues el texto realista se enriquece con una dimensión moral más acorde con la complejidad socio-religiosa de la burguesía de la época.

Jonathan Swift (1667-1745) queda retratado en su definición de la felicidad: “Una posesión perpetua de saberse bien engañado”. Si Defoe era un disidente y comerciante infatigable, Swift era un clérigo intransigente de formación neoclásica que desconfiaba de las teorías políticas, reformas sociales, proyectos científicos y de todo lo que condujera al progreso, como deja ver en el viaje a Laputa, el corazón negro y corrompido de la humanidad.

Henry Fielding (1707-1754) se inició en el mundo del teatro donde produjo unas 20 farsas, hasta que el Acta de licencia teatral de 1737 puso fin a su carrera como dramaturgo; entoces ensayó el periodismo y culminó su estudio de leyes como magistrado. Su formación neoclásica, su vitalidad y nsentido del humor, así como su experiencia en el teatro y su conocimiento de los bajos fondos londinenses contribuyeron a configurar el talante de su literatura.
Sterne


La novela de la Revolución Industrial

La población inglesa, que se había duplicado durante el reinado de Jorge III (1760-1820), se vuelve a duplicar en el período que llega hasta los 70, alcanzando a Francia, el país más poblado de Europa. Cuando Dickens comienza a publicar, Londres tiene un millón y medio de habitantes. La producción de hierro del país había crecido mucho, al igual que las exportaciones. La población era mayoritariamente urbana. La clase obrera vive de manera miserable, especialmente los niños, usados por su pequeño tamaño en trabajos especiales como la minería.

No existe, sin embargo un Zola inglés; Dickens se asoma al tema industrial en Tiempos difíciles, pero de una manera muy tímida.

En este período hay una peculiar paradoja: la pervivencia del gusto romántico dentro de la narrativa a nivel popular. Sus máximas exponentes son las hermanas Brontë (Charlotte (1816-1855), Emily (1818-1848) y Anne (1820-1849), que ya son personajes románticos incluso en sus mismas breves vidas, creciendo y escribiendo aisladas en la casa rural de su padre, un párroco anglicano.

Romántica es, en efecto, su novelística, por la agitación de las pasiones, pero también por su fondo de misterio y de irrealidad, por más que los ambientes puedan estar descritos con exactitud y sobriedad. Pero se tardó un poco en leer Cumbres borrascosas (Wuthering heights, 1847), la única novela de Emily, que, en cambio, en épocas recientes, llegó a tener popularidad a través del cine.

Seguramente la supera en calidad su hermana Charlotte, autora de Jane Eyre (1847), Shirley (1849) y un par de novelas cortas. Su obra está llena de personajes tremendos, galanes morenos de origen desconocido y mirada dominante, asesinatos, ancianas que guardan secretos; todo ello con el patetismo de no ser sino fantasías de una muchachita muy formal en el apartamento de una rectoría campesina. Aunque a mejor altura técnica que Emily, Charlotte tiene no poco de discutible en su estilo, pero –como señaló Virginia Woolf- no se la lee en busca de un logro literario, sino por su “ardor, que vuela más allá de la conducta diaria de la gente común y se mezcla con pasiones inconfesables”. La falta de madurez de la autora resulta ir bien al tema de Jane Eyre: el amor total, sin límites, de una institutriz por un enigmático señor, aniquila toda su ambientación de mobiliarios elegantes y parque bien atendido.

En cuanto a la menor, Anne, fue la menos importante y a la vez la que mejor sabía escribir: de sus novela Agnes Grey y El inquilino de Wildfell Hall se habla poco, y sin embargo, superan en equilibrio constructivo y expresivo a las arrebatadoras novelas que hicieron tardíamente célebres a sus dos hermanas. De éstas, Charlotte encontraría biógrafa, en 1857, en una narradora famosa, Elizabeth Gaskell, que las convirtió, a ella y sus hermanas, en auténticos personajes de novela –y de ahí arrancaría su éxito póstumo.