El centenario de Violeta Parra

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Revista Malabia número 66

En 2017 celebramos el primer centenario del nacimiento de Violeta Parra. Fue recordada en diferentes lugares y momentos, y este texto se suma, argumentando varias razones.

Primero, porque fue una artista-artista, una enorme creadora en una amplia gama de actividades. Nosotros la conocemos más por la música, pero incluso dentro de la música debemos incluir, por una parte, sus letras (ahora que hasta los Nobel han reconocido, aunque tarde, el potencial valor literario de tantas canciones), y su formidable trabajo de musicología, investigando y recopilando mucha música folklórica durante años por todo su fino y largo país. Pero es que Violeta Parra fue también pintora, ceramista, bordadora, y escultora. Toda ella era Arte, era Creatividad, y lo era de forma natural, sin haber completado más que sus estudios primarios, y apenas haber iniciado los que la hubieran hecho maestra.

Segundo, porque al menos en su faceta de música (y poeta, como su también famoso hermano Nicanor, fallecido a sus 103 años mientras pulíamos esta nota), su figura tiene, para quien esto escribe, tanto peso, tanta proyección, ha sido tan influyente, como la de su hermano trasandino, Atahualpa Yupanqui. Tras ellos, debajo, a sus costados, todos los demás.

Tercero, porque hay que reivindicar su faceta de cantora. El gran público ha conocido y gustado de muchas de sus canciones, sobre todo las más famosas, cantadas por otras voces. Sin embargo, su canto, como su guitarra, han sido tan distintos, tan originales, tan sinceros, tan geniales, que -aunque sin duda nos pueden gustar también otras versiones de sus canciones- nos baste y nos llene perfectamente su propia voz.

En otras palabras, el centenario de su nacimiento nos cuadra perfectamente, como ocasión culturalmente aceptada, para repasar brevemente su vida. Pero teniendo en cuenta que por merecimientos todo esto podríamos haberlo escrito en cualquier otro momento, como tanta gente ya lo hizo.

Violeta Parra nació en 1917 en un pueblito del sur de Chile (hay dudas sobre cuál), pero pasó la mayor parte de su infancia en la ciudad de Chillán. Su padre era profesor de música en primaria, y su madre campesina. Seguramente por la influencia paterna y por la gran tradición regional del canto más popular, Violeta y sus hermanos tenían gran predisposición a cantar, bailar y entretener, incluso organizando espectáculos para los niños del barrio.

Violeta empezó a tocar una guitarra con 9 años, y a componer con 12. Ya se mostraba sumamente inquieta. El padre enfermó y falleció en 1931, por lo cual Violeta comenzó a ayudar a su madre a coser, trabajando también en el campo, para contribuir a los pocos ingresos del hogar. Violeta fue a la escuela y empezó la Normal, pero sólo fue un año. Con 15 de edad la llama su hermano mayor, Nicanor, para que viniera a acompañarlo a Santiago. En la capital retoma sus estudios normales, pero por poco tiempo.

Casi en seguida empieza a cantar en bares del barrio, y cuando el resto de su familia se les une en la capital tres años más tarde, en 1935, forma primero un dúo con su hermana Hilda, para luego crear un cuarteto, los “Hermanos Parra”.

Tenía poco más de 20 años cuando conoce a Luis Cereceda, con quien se casa un año después. Al tiempo nacen sus primeros hijos, Isabel y Angel, que también tendrían una extensa carrera artística como cantores, adoptando el apellido de su madre. Una natural inquietud lleva a Violeta a andar siempre activa, dando vueltas, cantando, componiendo,…y ese primer matrimonio dura diez años. A pesar de esa brevedad, un elemento que se revelará de gran importancia en la vida posterior de Violeta es que Pepe era ferroviario, y comunista. Por él empezará a aparecer la Violeta comprometida con los humildes (su propia clase social), la Violeta que se manifestaba, y que poco después comenzaría a componer algunas canciones políticas. Pero la suya era una ideología, digamos, popular. Sólo está fugazmente en el partido Comunista, por 1946.

De nuevo yo solicito
perdón por irme alejando
Lo que les iba explicando
se me refala solito.
El pensamiento infinito
traicióname a cada instante,
no puede ni el más flamante
pasar en indiferencia
si brilla en nuestra consciencia
amor por los semejantes
(1).

Casi sin solución de continuidad nace Carmen Luisa, coincidiendo con su segundo matrimonio, en 1949; poco después, en 1952, nace su tercera hija, Rosita Clara, que sólo vivirá dos años.

Nicanor será el responsable de otra faceta crucial en la carrera de su hermana Violeta, cuando le da la idea de salir a recopilar canciones por los pueblos de su país. Violeta no se podía estar quieta un minuto, así que agarró su guitarra y a sus tres hijos y con 36 años se pone a recorrer el país. Por un lado, cantando y actuando en teatros, circos, bares, tugurios, donde encontraran. Isabel y Angel, a veces sin mucha conciencia por su corta edad, ya la acompañan en escena. Y grabadora en mano se va a los pueblos más perdidos, donde nada más llegar, pregunta “¿Quién se sabe canciones viejas por aquí?”. Comienza así un formidable trabajo de recopilación, que se extenderá hasta 1959, y que luego será de reelaboración, pues muchas de esas canciones terminarán siendo reinterpretadas por Violeta en sus espectáculos, y muy pronto, en sus discos. De hecho, sus primeras grabaciones las hizo con su hermana Hilda, en varios discos simples (de 78 rpm), a comienzos de los años 50. Fue en esas andanzas que conoció a dos de los poetas esenciales de su país, Pablo Neruda y Pablo de Rokha.

Neruda que, unos años más tarde escribiría:

…Entró Violeta Parrón
Violeteando la guitarra
Guitarreando el guitarrón
entró la Violeta Parra…

En el mismo ventarrón consigue un programa en Radio Nacional de Chile, que se llamará “Canta con Violeta Parra”. Primero sobre todo sus actuaciones circenses, y luego este programa radial la harán ya muy conocida en todo el país. Es de destacar que ese contacto con las propias raíces de la canción tradicional de su país le cambia y al mismo tiempo le enriquece el repertorio, que antes de ello se componía de boleros, rancheras, canciones españolas, y similares. A partir de ese contacto con la historia musical de su propia gente, la hará suya y la volcará luego en su repertorio y en sus propias composiciones. Puede afirmarse también que todo aquel contacto con el cancionero tradicional le enseña, además, a componer.

Un primer reconocimiento en su país, de los escasos que recibió en vida, fue el Premio Caupolicán a la folklorista del año, en 1954.

Como consecuencia de aquel premio, recibe una invitación para asistir al Festival de la Juventud, que se realizaba aquel año en Polonia. Estos “Festivales de la Juventud” eran encuentros internacionales de las organizaciones juveniles comunistas de todo el mundo. A Europa marcha Violeta con sus tres hijos, y después de Varsovia, decide radicarse en París, por primera vez; se queda dos años. Estadía fructífera, pues allí realiza sus primeras grabaciones personales, plasmadas en dos EP bajo el título “Guitare et Chant: Chants et Rhythmes du Chili”; otras canciones grabadas también en 1956 en París serán editadas posteriormente, y todas en una reedición de 1975 que salió con el título “Presente/Ausente”.

Poco después de esas grabaciones Violeta y sus hijos regresan a Chile. Me imagino que casi sin respirar, Violeta se mete nuevamente en los estudios de grabación, para realizar el que será su primer LD grabado en su país: “Canto y Guitarra. El Folklore de Chile, Vol. 1”. Contaba sobre todo, al igual que lo que había grabado en París, con canciones tradicionales, más algunas composiciones propias, entre ellas una dedicada a Gabriela Mistral, que había fallecido poco antes. Violeta llegará a grabar cuatro volúmenes de esa serie, más el octavo, que será una antología (2).

El mismo año de su regreso se va a Concepción, en cuya universidad inaugura su nueva creación, un Museo Nacional de Arte Folklórico. Luego, vuelve a recorrer el país cantando y dando conferencias sobre el folklore de su país. Es a partir del regreso de su primera estadía en Francia que comienza a pintar y a hacer tapices. Una enfermedad que la deja en cama durante varios meses en 1960 le da la ocasión de comenzar también con los trabajos en arpillera. Por esos años aterriza en Santiago un músico y antropólogo suizo, Gilbert Favre, con quien se enamoran rápidamente. Gilbert permanecerá a su lado por varios años, pero su separación constituirá una de las losas que Violeta no soportaría llevar hacia mediados de la década.

En 1961 viaja a la Pampa, y de allí a Buenos Aires: un año completo en Argentina, donde grabaría un LD que no llegaría a ser publicado en el momento, o si fue publicado (al menos se sabe, o parece que se sabe, que llegó a ser fabricado) tuvo una difusión mínima. Sería reeditado a comienzos de los 70, sobre la ola de interés que generó el disco que le dedicó a Violeta, Mercedes Sosa.

En 1962, es el turno de sus hijos Isabel y Angel de ser invitados a un Festival Mundial de la Juventud, esta vez en Finlandia. Así que marchan todos para Europa, incluído Gilbert Favre. Después del Festival, Violeta vuelve a radicarse en París, con una temporada en Ginebra junto a Favre, que sería, según dicen quienes vivieron el momento, el gran amor de su vida.

En esos años pasan muchas cosas en la vida de Violeta Parra. En 1963 el gobierno de Franco ajusticia al comunista Julián Grimau, lo que genera en la chilena una de sus más fuertes canciones políticas: Qué dirá el Santo Padre (3).

Lanza al mundo del disco y del espectáculo a sus hijos Angel e Isabel, bajo el nombre de “Los Parra de Chile”. Graba algunas canciones, de las que no tengo registro editado en Francia (habrá) pero que aparecen en un álbum publicado en Chile, con el título de “Recordando a Chile (Una chilena en París)”. Y aparece, por instigación de una amiga hispano-francesa, un libro con una selección de los textos de las canciones populares que Violeta había recopilado. Ese libro fue publicado por la venerable editorial François Maspéro (hoy diluida parcialmente en una multinacional), se llamó Poésiepopulaire des Andes, apareció en 1965 y se encuentra en librerías en línea, de segunda mano, amás de mil euros.

Pero tal vez lo más importante, lo que más se destaca de esa segunda estadía en París, es la exposición que hace en abril de 1964 en el Museo de Artes Decorativas del Louvre. Presenta allí 22 arpilleras, 26 óleos y 13 esculturas de alambre; era la primera exposición de una artista latinoamericana en el Louvre.

En 1965 regresa a Chile. Como siempre, con hormigas en el cuerpo, inmediatamente se pone a la obra para montar una carpa donde dar clases, exponer y por la noche, cantar con sus hijos y nieta. Encuentra una ubicación que le satisface en el barrio de La Reina, de ahí el nombre de “La Carpa de La Reina”. El proyecto fue un fracaso. Al mismo tiempo, Gilbert Favre viaja a Bolivia, encuentra allí músicos para tocar, y una mujer con la que casarse (de lo que Violeta se entera cuando viaja a Bolivia buscándolo, en 1966).

Violeta regresa a Santiago herida en lo más íntimo, y sin muchas esperanzas con “La Carpa”. En esa época aparece por ahí, porque hay trabajo para remendar la carpa, un uruguayo: Alberto Zapicán. Este había sido cañero, y como tal se había manifestado y probablemente participado en actividades del incipiente MLN; estuvo preso entre 1963 y 1965, y al salir se fue para Chile. Allí se quedó 30 años, aunque en 1968 tuvo la oportunidad de grabar un álbum con Washington Carrasco, “El grito salvaje de Alberto Zapicán”. Zapicán vive desde hace diez años en algún lugar de la costa uruguaya; tiene ahora 90 años. Lo que nos interesa aquí es que Zapicán se pone un buen día a tocar el bombo, interesando a Violeta de tal manera que empiezan a tocar y cantar juntos en “La Carpa” y en el que sería el último álbum de la Viola, “Últimas composiciones”. Un título con doble sentido, sólo que en el momento en que se graba y se publica sólo se conocía el primero, o sea, que eran las más recientes canciones de Violeta.

Una de ellas, al menos, hecha en recuerdo de Gilbert Favre: “Maldigo del alto cielo”, donde se vuelcan frases terribles: “…maldigo el vocablo amor / con toda su porquería / cuánto será mi dolor…”.

Mientras, la inagotable Violeta trata de sacar adelante un nuevo proyecto: un documental sobre las regiones chilenas. Pero en ese momento, su país decididamente le daba la espalda. Favre, en Bolivia y casado. La Carpa, sin público. El documental, sin patrocinadores. Era demasiado. El domingo 5 de febrero de 1967, Violeta Parra se pega un tiro.

*    *   *

Hoy en día, Violeta es una institución en Chile, y debería serlo en América Latina, por no decir en el mundo entero.

En 1991 se creó la Fundación Violeta Parra, para rescatar, organizar, proteger y difundir la obra múltiple de Violeta Parra. Fue presidida originalmente por su hija Isabel, que actualmente es vicepresidenta.

En 2011, el chileno Andrés Wood le dedicó su octavo largometraje: “Violeta se fue a los cielos”, basada en el libro homónimo de Angel Parra. Con el material rodado para el largo, se realizó también una serie para televisión, de tres capítulos. Violeta fue interpretada (incluso en canto y toque) por la actriz Francisca Gavilán.

En 2015 abrió en Santiago el Museo Violeta Parra, lugar de exhibición, estudio y difusión de la obra de Violeta Parra: museovioletaparra.cl. Entre sus publicaciones, está disponible en descarga gratuita el catálogo del museo, una verdadera maravilla.


Fuentes

Patricio Manns: Violeta Parra (Ediciones Júcar, Colección Los Juglares, Madrid,1977). Personalísima visión de quien fue uno de sus “pichones”, de los más importantes cantautores de lo que se conoció como “Nueva Canción Chilena”.

Violeta Parra: Décimas. Autobiografía en versos. (Editorial Pomaire, Barcelona, 1976). Además de escuchando sus discos, leer esta belleza es el mejor medio para conocerla en sus primeros años.

Innumerables documentales, artículos, discos.

El libro seguramente fundamental sobre Violeta Parra, y que el autor de este artículo no ha podido encontrar a tiempo, es Isabel Parra: El libro mayor de Violeta Parra. (EdicionesMichay, Colección Libros del Miridión, Madrid, 1985). Se realizó una versión ampliada, publicada por Cuarto Propio, Santiago de Chile, 2011 (ambas agotadas y descatalogadas).


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(1) Los tiempos se van volando, en Décimas, p. 51 (ver bibliografía).

(2) Los demás volúmenes son dedicados por la discográfica Odeón a otros artistas.

(3) Canción a la que tengo particular estima, pues cuando hice la producción del álbum de Dino y Montevideo Blues, en 1972, les propuse que la versionaran y grabaran, y así lo hicieron; apareció entonces en un disco simple, pero luego fue recuperada en la reedición en CD del sello estadounidense Lion, en 2007.