Saúl Pérez Gadea: Un gran poeta recuperado

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Saúl Pérez Gadea: Un gran poeta recuperado, por Alejandro Michelena

Recientemente apareció en las librerías de Montevideo una obra que, a pesar de su poca repercusión en la prensa cultural, está llamada a marcar un jalón en la producción literaria nacional. Nos referimos a El ojo de la tempestad (Solazul Ediciones), donde Diego Techeira, solvente investigador literario y también poeta, reunió toda la poesía –la muy poca édita y la mucha inédita– de Saúl Pérez Gadea. Diego es responsable además del prólogo, que tiene la virtud de presentar, adecuada y rigurosamente, a un gran poeta uruguayo olvidado. Porque Pérez Gadea, que murió hace más de cuarenta años, sigue siendo un desconocido para los lectores de poesía y hasta para muchos poetas.

El ojo de la tempestad no es sólo una compilación que rescata un notable corpus poético; por encima de todo se lo puede leer como una edición crítica. El prólogo es una lograda presentación literaria de un poeta sobre el cual había poco material y referencias. Y se completa –luego de los poemas– con un apéndice que reúne materiales varios, incluso reproducciones de cartas y críticas recibidas por Pérez Gadea a propósito de su primer libro. Techeira ya había demostrado su capacidad para la investigación y el análisis literario en sus libros anteriores: La voz del conjuro y Tanta vida en cuatro versos (dedicados, respectivamente, a la poesía y las canciones de Washington Benavides), y el primero de todos, dedicado al poeta franco-montevideano Lautréamont.

Saúl Pérez Gadea

Una peripecia atípica

El caso de Saúl Pérez Gadea es paradójico. Arrancó muy joven, publicando su único libro formal, Homo-ciudad,  a los 19 años, en 1951. Es un intenso y largo poema en definitiva, que tiene como asunto el impacto que Montevideo causó en el autor, que venía del interior. Desparejo pero brillante por momentos, sacudió sin embargo el acartonado panorama poético de entonces. Diego Techeira, con acierto, relaciona en su introducción a Homo-ciudad con el célebre poema de Allen Ginsberg, Howl, aparecido pocos años después y que inauguró la poesía beat. Algo que ya había señalizado, en ensayo crítico anterior, otro poeta e investigador, Martín Palacio Gamboa. El libro apareció con un prólogo de Jesualdo Sosa, por entonces una figura central en el medio cultural uruguayo, lo que significó un espaldarazo singular para el joven poeta. Y recibió también comentarios entusiastas de escritores de prestigio internacional como Gerardo Diego y Ramón Gómez de la Serna, y entre los uruguayos de los poetas Alvaro Figueredo y Líber Falco, y –a su manera– del mismísimo Juan Carlos Onetti.

Luego de este arranque tan auspicioso Saúl Pérez se llamó a silencio por mucho tiempo. Escribiendo pero no publicando, cosa que se dio recién en mitad de la década siguiente, cuando apareció un librillo mal mimeografiado, donde se reunían los que siguen siendo considerados al día de hoy sus mejores poemas. No tuvo difusión, y la crítica no le prestó la atención que merecía por la gran calidad de algunos de sus poemas. El propio poeta repartía estos libritos a la entrada de la Feria de Libros y Grabados que realizaba la recordada poeta y gestora cultural Nancy Bacelo, que por entonces tenía lugar en el atrio municipal.

Tuvo que morirse, una mañana de 1969 en una pequeña playita junto a la Compañía del Gas, para que algunos de sus poemas merecieran publicación en el semanario Marcha, el vespertino De Frente, y muy pocos otros medios, acompañados de obituarios de circunstancia. Y después sobrevino el silencio y la indiferencia ante una obra literaria –la édita, porque faltaba el resto del iceberg– que en sus puntos más altos ubicaba a su autor como un nombre insoslayable en la poesía de la segunda mitad de la pasada centuria. Como una excepción a este ninguneo, fue incluido en la Antología de poesía uruguaya del Siglo XX compilada por el crítico y profesor Domingo Bordoli, quien sin embargo no lo trató nada bien en las pocas líneas de presentación que le dedica.

Saúl Pérez Gadea

 

El lento retorno desde el limbo del olvido

Conjurando esa niebla de olvido empecinado, colectivos de jóvenes poetas en diversos momentos se acercaron a esta poesía poniéndola en circulación a través de revistas literarias. Lo hizo la legendaria revista Los huevos del Plata, en su última etapa. Más adelante, en 1975 y ya en dictadura, en la revista Nexo difundimos (me tocan las generales de la ley) varios de sus poemas más logrados, como “Hospital Vilardebó”, “Cuando yo nací Helena” y “Carta a la madre”, acompañado por un sintético pero sustancial comentario del poeta Roberto Mascaró titulado “Poesía en sombras de un poeta sombrío”, del que vale recordar algún fragmento: “Como aquel pintor suicida de El Muelle de las Brumas, que cuando veía un bañista pintaba un ahogado, Saúl Pérez Gadea instala su poesía en la negatividad (…) No nace su poesía de la alegría de festejar, del encuentro con relaciones armónicas entre las cosas, sino del deseo de abolir, con el exorcismo de la palabra, lo terrible presente”.

Años más tarde, en 1981, la revista Cuadernos de Granaldea publicó dos separatas con poemas de Saúl Pérez ilustrados por artistas del Club de Grabado. Y en 1983, los poetas Francisco Lussich y Elder Silva rescataron inéditos y cartas de Saúl, material que se pudo leer en el último número de la misma publicación. Ya avanzados los ochenta el Grupo Uno volvió a poner en circulación algunos de estos textos.

Tales iniciativas, aisladas y discontinuas, no lograron hacer emerger esta formidable obra del limbo de la ausencia. Pero es muy significativo que a través de varias décadas grupos alternativos y alejados del canon cultural se pasaran la posta de la recuperación de la memoria de un poeta casi olvidado por el medio literario. Y ahora es Diego Techeira quien va más lejos, rescatando los inéditos, ordenándolos y publicándolos junto a la poesía édita en El ojo de la tempestad; concretando así el primer y bienvenido intento de colocar a Saúl Pérez Gadea –por la contundencia de lo mejor del conjunto, por la convincente introducción– en el centro del acontecer cultural uruguayo.

Alejandro Michelena
http://www.letras-uruguay.espaciolatino.com/michelena/index.htm